Agua fría, infartos y jóvenes científicos.

16 de agosto, tres de la tarde, playa de la caleta, Cádiz. Despiertas a pleno sol, 38ºC. No quisiste cargar con la sombrilla, ahora te arrepientes. Acabas de despertar de una siesta de 40 minutos. Dos platos de paella, un litro de sangría, helado y café no merecen menos. Te tocas la frente y está más caliente que los empastes de un dragón, tu piel se ha convertido en magma. Miras a tu alrededor aún medio durmiendo, no te queda agua fría y el chiringuito más cercano está a más de 100 metros. 100 metros arena ardiente. De repente oyes una voz, la más dulce que has oído nunca: “helaaaaados, agua freeesca, cerveeeeeeza y cooocacolaaaa”. Debe ser dios con forma de vendedor ambulante. Lo llamas y le pides una botella grande de agua. 2€. Está helada, prácticamente congelada. La abres, te la llevas a la boca y empiezas a beber a grandes tragos. “Esto es la felicidad” piensas. Empiezas a sentirlo. Comienza en la base de la nariz, sube hasta los ojos y se queda en medio de la frente. Un dolor agudo, tanto que tienes que dejar de beber. Agachas la cabeza, cierras los ojos y piensas…. “mañana la siesta en casa, con el aire acondicionado”.

Seguramente hayáis sentido este dolor alguna vez, sobre todo de niños cuando comíamos helado demasiado deprisa, pero… ¿por qué ocurre? Bien, todos sabemos que el frío produce vasoconstricción, esto es, un estrechamiento de los vasos sanguíneos. La vasoconstricción conlleva una reducción en la cantidad de flujo sanguíneo que transmiten estos vasos en estado normal. Pues bien, cuando tomamos algo muy frío y muy rápido, tanto que a nuestra boca no le da tiempo a calentarlo, el frío producido en el “cielo de la boca” causa una vasoconstricción de los vasos sanguíneos de esta zona. Esto causa que las zonas prefrontales se ven temporalmente privadas de una parte de la sangre con la que normalmente están irrigadas. Esto es, y que nadie se me vaya a preocupar, un mini-infarto cerebral. Claro está que no tiene apenas consecuencias puesto que dura muy poco tiempo y apenas se reduce el volumen de sangre irrigado, pero es suficiente para aguarnos unos de los momentos más placenteros del verano y convertirlo en unos segundos de terrible dolor.

En la imagen de abajo podéis ver  hay ramificaciones del sistema circulatorio pasan por el paladar, suben por la nariz y terminan en la frente. Son esas ramificaciones las que sufren la vasoconstricción. Esta arteria recibe el nombre de arteria angular.

Bueno, pues hasta aquí el problema. ¿La solución? Aparte de calentar lo que comas con la boca antes de tragarlo, si nos vemos en el momento en el que el dolor empieza a aparecer, acordaos de este blog y pegad la lengua al paladar. Esto calentará esta zona reduciendo la vasoconstricción y haciendo que el “ictus” sea de menor intensidad y duración.

Seguramente pensaréis “estoy leyendo psicoteca, ¿que tiene que ver esto con la psicología?”. Pues bien, supongo que el mensaje final que cualquier texto de divulgación científica quiere transmitir es algo así como “la ciencia es la herramienta más poderosa” o “el único camino para crear conocimiento es la ciencia”. Sin embargo, quizás muchos penséis que el método científico es algo abstracto y difícil de comprender que sólo está al alcance de quien dedica su vida entera a estudiarlo y a manejarlo. O que es algo tan complejo que sólo entienden cerebritos y gente con gafas. Nada más lejos de la realidad.

Se me ocurrió escribir esto cuando leí una de las investigaciones más famosas sobre el efecto de tragar alimentos excesivamente fríos, la de la científicia Maya Kaczrowski publicada en el British Medical Journal. Ojo al dato, Maya Kaczrowski tenía tan sólo 13 años cuando publicó su investigación. No se para vosotros, pero para mí esto es un ejemplo claro de que la ciencia no está acotada a académicos y científicos, sino que es una herramienta disponible para todo el mundo y que los resultados obtenidos con ella pueden ser… deben ser compartidos y difundidos a viva voz.

Ps: Permitidme recomendaros un documental que explica todo el método científico bastante bien, se llama del “mito a la razón”. Helo aquí.

Referencias

Kaczorowski, M. y Kaczorowski, J. (2002) Ice cream evoked headaches (ICE-H) study: randomised trial of accelerated versus cautious ice cream eating regimen. British Medical Journal, 325, 1445-1.

La imágen ha sido obtenida en la Red Telemática Educativa Averroes.

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Acerca de cpcubillas

Profesor de Psicología de la Universidad a Distancia de Madrid. Ex-investigador en Psicología Básica en Labpsico. Aprendizaje asociativo, voluntad de acción y memoria, entre otras, son las áreas en las que estoy trabajando (por ahora).
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