Tratamientos farmacológicos de la depresión

La depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentemente diagnosticados, al menos en occidente. De hecho, seguro que muchos conocéis a alguien que la sufre y que está tomando algún tipo de tratamiento farmacológico para combatirla. El objetivo de este post es explicar cómo funcionan a nivel general algunos de estos tratamientos farmacológicos y, de paso, mostrar cuán complejo puede ser el cerebro y su funcionamiento.

Voy a suponer que el lector no conoce las bases del funcionamiento cerebral, así que empezaré prácticamente desde cero (perdónenme los duchos en la materia).

Nuestro cerebro está formado, entre otras cosas, por unas células llamadas neuronas. Las neuronas se unen entre sí formando circuitos neuronales, conjuntos de neuronas conectadas que se distribuyen por todo el sistema nervioso. No tiene que ver con la depresión, pero quiero aprovechar para mencionar que fue un español, Santiago Ramón y Cajal, quien descubrió estas células y quien propuso la idea de que nuestro tejido cerebral estaba formado por neuronas, hecho por el que le concedieron el Nobel. Os dejo aquí un dibujo que hizo el propio Ramón y Cajal de una neurona.

Bueno, como iba diciendo, las neuronas se conectan para formar circuitos neuronales. A través de estos circuitos corren pequeños impulsos eléctricos (el nombre técnico es potencial de acción). Lo curioso del caso es que en realidad las neuronas no están en contacto unas con otras como pueden estar los distintos componentes de un circuito eléctrico, como por ejemplo el de nuestra casa. Al contrario, entre cada neurona hay un diminuto espacio llamado espacio inter-sináptico. Y ahora os estaréis preguntando “¡¿cómo va a circular la corriente eléctrica entre dos neuronas si no están en contacto?! ¡¡si yo corto un cable de cobre y separo las dos partes, la corriente eléctrica no circulará por él!!”. ¡Ajá, buena observación! Efectivamente cuando el potencial de acción llega al final de la neurona, este se detiene, pues no encuentra soporte para seguir circulando. Sin embargo, el impulso eléctrico genera una serie de procesos físico-químicos en el terminal de la neurona pre-sináptica (la que hay antes del espacio intersináptico) que hace que el impulso pueda seguir su camino en la neurona post-sináptica (la que hay después del espacio inter-sináptico). Fundamentalmente lo que genera el potencial de acción es la liberación de unas sustancias en la neurona pre-sináptica llamadas neurotransmisores que cuando llegan a la neurona post-sináptica causan un nuevo impulso eléctrico. Queda todo mucho más claro con el dibujo de abajo.

Bien, comentaba que los neurotransmisores pueden causar un potencial de acción en la neurona post-sináptica, pero lo cierto es que esto es solo uno de los posibles efectos que pueden provocar. También pueden tener efectos inhibitorios (impedir que la neurona transmita potenciales de acción) u ordenar la síntesis de determinadas proteínas, entre otros. Esto depende sobre todo del tipo de neurotransmisor generado y hoy no nos meteremos ahí.

Por este motivo entendemos que los distintos neurotransmisores son las sustancias que utilizan las neuronas para comunicarse entre ellas y, como podréis suponer, un exceso o un déficit de algún tipo de neurotransmisor pueden ocasionar problemas importantes en el funcionamiento del cerebro. Pues esto es precisamente lo que durante años se ha pensado que ocurre en la depresión, que existe un déficit de un tipo concreto de neurotransmisores, las monoaminas, entre las que se encuentran la dopamina, la serotonina o la noradrenalina.

Desafortunadamente, por ahora no podemos administrar directamente fármacos que contengan monoaminas, que será lo que estéis pensando todos. Entre otros problemas, las monoaminas administradas, por ejemplo oralmente, no llegarían al cerebro ya que no pueden atravesar la barrera hematoencefálica (una especie de “bolsa” que recubre el encéfalo e impide la entrada a la mayoría de sustancias). Si no podemos administrar monoaminas desde el exterior, algo que podemos hacer es potenciar el efecto de las (pocas) monoaminas endógenas, esto es, las que se generan de forma natural. Y aquí es donde entramos en materia, ¿cómo potenciamos el efecto de las monoaminas en cerebros de pacientes con depresión?

Se han utilizado distintos fármacos para esto:

– Inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAOs): Estos antidepresivos actúan sobre unas enzimas presentes en el cerebro. Las enzimas son proteínas encargadas de metabolizar (destruir o descomponer) distintas sustancias. Su función biológica es muy importante ya que el organismo no puede eliminar algunas sustancias tal y como están presentes en el organismo. Para eliminarlas es necesario que primero se metabolicen, y entonces ya sí, el organismo puede eliminar el producto resultante de esta metabolización, los metabolitos. Pues existe una enzima, la monoaminooxidasa, o MAO, que está presente en el espacio inter-sináptico y que se encarga de la metabolización (descomposición) de las monoaminas. Algunos fármacos inhiben la acción esta enzima, por lo que dejan de metabolizar monoaminas, haciendo que estén presentes durante más tiempo en la sinapsis y que finalmente se potencie su efecto en la neurona post-sináptica.

A este tipo de fármacos pertenece la Iproniazida, el primer antidepresivo, comercializado en 1957 y creado originalmente para tratar la tuberculosis. Como otras muchas veces a lo largo de la historia, su descubrimiento fue puramente casual: como tratamiento contra la tuberculosis no era muy bueno, pero los pacientes tuberculosos y depresivos que la tomaban mejoraban de los síntomas de la depresión. ¿Qué te parece?

– Antidepresivos tricíclicos: En las neuronas pre-sinápticas existen unas estructuras encargadas de reabsorber el neurotransmisor del espacio inter-sináptico. La función de estas bombas de recaptación, que es como se llaman técnicamente, es limitar el tiempo de acción del neurotransmisor eliminándolo del espacio intersináptico, e iniciar un proceso por el que ese neurotransmisor vuelve al interior de la neurona pre-sináptica para ser utilizado más adelante, vamos, un proceso de reciclaje en toda regla. Bien, pues como ya os estaréis imaginando los antidepresivos tricíclicos se encargan de inhibir precisamente las bombas de recaptación de las monoaminas, más concretamente las bombas de la serotonina y de la noradrenalina, haciendo que estas estén presentes durante más tiempo en el espacio inter-sináptico y, como es lógico, potenciando su efecto.

Una vez más, el primer antidepresivo tricíclico, la Imiparmina, se descubrió por casualidad ya que originalmente se utilizaba como fármaco antipsicótico. La ciencia a veces parece reírse de nosotros.

En fin, los antidepresivos tricícliclos son poco selectivos, como hemos dicho inhiben las bombas de recaptación de dos monoaminas, la serotonina y la noradrenalina, esto causa unos efectos secundarios no deseados. Parece que es la inhibición de la recaptación de la serotonina la que realmente resulta interesante para tratar la depresión. Sabéis que viene ahora, ¿verdad?

– Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRSs): Estos funcionan exactamente igual que los tricíclicos, pero limitando su acción a las bombas de recaptación de la serotonina. Son estos los antidepresivos más utilizados y, parece ser, que los que mejor funcionan. Además sus efectos terapéuticos y sus pocos efectos secundarios los han hecho ser los tratamientos de primera elección no solo para la depresión, sino también para otros trastornos psicológicos como el TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), el Trastorno de Pánico, etc. El psicofármaco más utilizado y conocido, el Prozac, es un ISRS.

Además de estos tratamientos farmacológicos hay uno que es un poco especial, el litio. El litio es un oligoelemento presente en el organismo y se utiliza casi exclusivamente para tratar la depresión bipolar, aquella que, como sabréis, hace que el que la sufre alterne estados depresivos con estados de manía. Pues bien, el litio, no se sabe muy bien cómo, parece que actúa como regulador o estabilizador del estado de ánimo para estos pacientes. De hecho no se considera un antidepresivo como tal ya que, en realidad, no hace que mejoren los síntomas de la depresión, sino como hemos dicho, la transición entre depresión y manía. No voy a entrar en detalles, pero quiero que sepáis que el descubrimiento de los efectos terapéuticos del litio también fue casual.

Bueno, todo esto que acabo de contar tiene que ponerse entre comillas, como casi todo en ciencia. Hay voces que apuntan a que no todos los pacientes depresivos tienen el mismo déficit de monoaminas, y por tanto no a todos ellos les serán igual de útiles todos los antidepresivos conocidos. Además, recientemente están saliendo al mercado inhibidores de la enzima MAO-B, inhibidores selectivos de la recaptación de la noradrenalina, etc., que parecen funcionar en pacientes con quienes tratamientos más clásicos no han sido efectivos.

Como dije al principio, más que una revisión exhaustiva del state of the art sobre el tratamiento farmacológico de la depresión, este post trata de hacer llegar a los no iniciados las líneas generales principales tratamientos utilizados tradicionalmente. Además del tratamiento farmacológico, se pueden verter ríos de tinta sobre los beneficios de las terapias de tipo cognitivo o conductual y la poca efectividad (incluso el peligro) de los tratamientos psicodinámicos o psicoanalíticos. Pero eso es harina de otro costal. Aún queda mucho que estudiar y que descubrir en este trastorno que, con el respeto de los que lo sufren, a mí me parece asombroso. No sé vosotros, pero yo estoy ansioso de ver los avances que la sinergia entre las diversas disciplinas implicadas (bioquímica, neurociencia, psicofarmacología, psicopatología, neuroimagen…) produce en el tratamiento del trastorno de la depresión.

Nota: Quiero agradecer a la doctora María Cortés la revisión de esta entrada.  Muchas veces a los psicólogos nos gusta saltar a ramas de árboles cercanos al de la psicología. Y es que el árbol de la medicina nos queda muy cerca y siempre nos sentimos más seguros si allí hay alguien que nos reciba.

Fuentes de las imágenes: NeuroFacultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Universidad Nacional de Córdoba, Wikipedia.

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Acerca de cpcubillas

Profesor de Psicología de la Universidad a Distancia de Madrid. Ex-investigador en Psicología Básica en Labpsico. Aprendizaje asociativo, voluntad de acción y memoria, entre otras, son las áreas en las que estoy trabajando (por ahora).
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10 respuestas a Tratamientos farmacológicos de la depresión

  1. Pau dijo:

    Genial, sin lugar a dudas

  2. cpcubillas dijo:

    Gracias a los dos! Así da gusto.

  3. Nerea dijo:

    Qué maravilla de post!

  4. Javier Marin dijo:

    Es un tema bastante interesante, además de práctico en muchas ocasiones en las cuales tanto los psicólogos en formación como los que ya ejercen esta grandiosa disciplina enfrentan con determinado seguimiento. Quisiera darle un poco de énfasis con respecto a los orígenes de la psicología científica, quien sería la que permitiría poder desarrollar posteriormente este tipo de abarques. Para empezar, podría decirles que quien empezó a descubrir las primeras localizaciones cerebrales, la base somática del comportamiento y la idea de las enfermedades mentales como algo fisiológico y puramente cerebral fue Wilhelm Wundt, padre de la introspección, además; por otra parte, este mismo desarrolla, dentro de la psicología experimental, el concepto de tiempo de reacción de qué tanto tarda un organismo en reaccionar a un determinado estímulo. Dentro del marco de la Psicofísica como un antecedente, una gran base es la ley de Weber, la cual consta en que todo estimulo requiere ser aumentado en una proporción constante de su magnitud para que se perciba un determinado cambio de sensación , donde luego se fundamenta como el concepto de la Sensopercepción. Finalmente, quiero resaltar de igual manera los aporte del laboratorio al origen de la Psicología: Wundt fue el fundador del primer laboratorio experimental (esto ya se sabe con anterioridad), y esto se da con el fin de fundamentar la Psicología como también una ciencia experimental y empírica, sin dejar atrás la esencia de la misma.

  5. Joel García dijo:

    No tienen nada de “Psicología Cognoyiva-Conductual”, ni de Aaeon Beck ni de David Burns… ¿Porqué?

  6. FERNANDO dijo:

    HOLA CARMELO; SIEMPRE SE HA PENSADO QUE LA NEURONA MUERE YO ENTIENDO NO ES ASÍ,
    EXISTEN NEURONAS BUENAS QUE SE CONVIERTEN EN MALAS NO MUEREN POR TANTO SIGUEN VIVAS PERO INTERACTUAN EQUIVOCADAMENTE.
    ¿QUE OPINAS?

  7. Buena recopilación de antidepresivos. Según las ultimas informaciones que he recibido los IMAOs ya no se emplean (en la generalidad), debido a su alta toxicidad y a que hay otros antidepresivos más eficientes. Buen post!!

  8. Pingback: Lecturas recomendadas – Depresión

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